El barco del aire

 

Mi papá tenía una personalidad plana y una cara casi siempre ausente de emoción. No lloró cuando mi mamá se marchó porque él siempre trabajaba, ni en el funeral de mi abuelo, y no se sonrío el día de mi graduación de kindergarten, ni en las fotos de su matrimonio. O sea, nunca mostraba emoción, con la excepción de una cosa. Siempre había sido muy dedicado a Dios, y cuando íbamos a la iglesia, él sí sonreía y lloraba. Yo pensaba que no había una cosa más importante para él que la gloria de Dios. Siendo su hijo de nueve años, quería ser también la causa de la felicidad de mi papá. Quería su validación y formar un lazo fuerte con él, porque debíamos tener un lazo fuerte como hijo y padre, ¿cierto? Por eso el siguiente evento me impactó muchísimo, por los deseos que tenía de impresionarle y el rechazo que sentía.

 

Empezó una noche…

 

Me dormí a las ocho como era lo normal pero esta noche algo mágico navegaba por mis sueños. Soñé con un barco que volaba en el aire tan suavemente como mantequilla, leche tibia, o helado de fresa. Las nubes escondían a la mayoría del barco pero pude ver que alrededor de su forma, había una iluminación: la iluminación santa de que había hablado con mi papá. Y arriba del barco volaban ángeles, cantando la gloria de Dios. Sus canciones besaban a las velas, que ondeaban como agua claro movido por una brisa. Me sentí una calma que llenaba a todo mi cuerpo y me desperté con la cabeza en las nubes de mi sueño.

 

El siguiente día, sólo pensaba en el barco y como podría compartir el cielo que había visto con mi papá. Decidí que crearía el barco, volaría hasta el cielo, y le mostraría a mi papá las voces de los ángeles. Primero necesitaba hacer un plan del navío para que todo fuera correcto. Trataba tan arduamente de dibujarlo, hasta que la cera y el color de mis lápices saturaron mi piel. Pero, no penetraron mi alma, mis sueños, ni mis deseos. No pude dibujarlo. Fue la culpa de la niebla que a veces acompaña a las imágenes de un sueño porque cada vez que trataba de recordar cómo era, más y más nubes lo cubrían, y los ángeles desaparecían.

 

En los días siguientes hice borradores y borradores, con diferentes colores y configuraciones de formas, pero no me satisfacían ninguno de mis dibujos. Ninguno de mis barcos me llevaría hasta los ángeles. Poco a poco, y con cada intento por recordar el barco, fui olvidando mi sueño completamente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Finalmente abandoné mis lápices y paré de dibujar.

 

Y cuando paré, por suerte soñé otra vez con el barco mágico. Esta vez cuando me desperté recordaba el barco y lo dibujé con ferocidad- las manos de Dios alrededor de mis manos frágiles, guiándome como yo hubiese querido que mi papá lo hubiera hecho. El producto final era un dibujo con líneas delicadas que reflejaba exactamente el navío de mis sueños. Mostraba un barco de piratas con velas azules mezclado con un globo del aire que era rosado y el color de sorbete de melocotón. Era un diseño simple pero creativo y efectivo para comunicarse con los ángeles. ¡Finalmente!

 

Corrí hasta la oficina gris de mi papá, mi dibujo y mi orgullo en la mano, y tiré mi papel en su escritorio, con una sonrisa más grande que mi cara. Esperaba a que mirara mi dibujo. Después de unos minutos, mi sonrisa fue desapareciendo lentamente, todavía no lo había visto. Lo empujé más cerca a él. Hizo un sonido como no quería verlo porque estaba trabajando, pero finalmente lo miró.

  • No funcionará para volar.

Sus palabras me desinflaron como una aguja a un globo. Me sentí como el Principito con su dibujo de la serpiente comiéndose el elefante.

 

La cosa curiosa es que no me acuerdo que hice después con el dibujo. Lo puse sobre mi cama con orgullo o quizás lo escondí debajo de mi cama con vergüenza. Pero hoy encontré la imagen, manchada con mis lágrimas y con las esquinas dobladas. Todavía brillaba con las voces de los ángeles. Todavía susurraba con las posibilidades y los sueños de un niño. Y vi que lo que dijo mi papá era cierto: además de que yo había pasado horas llorando y diciéndome que si volará, no podía volar. Pero a pesar eso, puedo crearlo en mis sueños. Puedo pensar siempre en llegar al cielo. Puedo volar además de que existen personas que no quieren que yo lo haga. A mi papá no le gustó mi barco, pero, a mí sí me gustará por siempre.

 

Sharon Welch, SY ‘17

© 2016 La Madrugada

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