Dentro La Vida De Adèle

 

      Seria negligente de mi parte tratar de hablar de La Vida de Adèle (La Vie d’Adèle/Blue Is the Warmest Color) sin mencionar la famosa escena de amor que ha provocado muchas conversaciones intensas sobre su credibilidad, su realización y su significado social con respecto a la representación del sexo entre dos mujeres.  Sin embargo, me gustaría dejar en claro que la película no gira alrededor de estos diez minutos del sexo carnal y al mismo tiempo etéreo. No me malinterpretan. Esta escena es algo de que hablar, pero tiene tantas interpretaciones que seria tedioso tratar de diseccionarlas todas aquí. Por eso, quisiera decir solo dos comentarios sobre la escena y luego saltar a los elementos de la película que de verdad justifican esta película como una obra maestra.

       Estoy de acuerdo con la comunidad lesbiana que critica la escena de sexo por ser la producción del punto de vista de un hombre heterosexual (es decir: el director, Abdellatif Kechiche). En términos vulgares, viendo esta escena era como ver una película pornográfica con un presupuesto muy alto. Aunque es estéticamente bella la escena, fue demasiada coreografiada y perfecta- una escena sin pausas, sin vulnerabilidad y sin cariño. Por otra parte, lo que si me gusto de la escena fue su obsesión por el deseo.  “Il y a un truc qui manque” (hay algo que falta), dice Adèle después de acostarse con su novio al principio de la película. Es evidente que ese “algo” lo haya en Emma no solo en el sexo pero en todo lo demás, y es durante esta escena de amor que vemos salir el deseo absoluto encarnado en todos los seres humanos.

      Más que el deseo sexual, esta película es exactamente lo que su titulo sugiere: una película sobre la vida de Adèle. No se desanimen con el hecho de que dura tres horas. De hecho, cuando la vi en el cine, me asomé a mi celular para ver cuanto quedaba porque, francamente, tenía que usar el baño. Pensando que le faltaba otra hora a la película, vi que solo quedaban quince minutos- un hecho que hizo feliz a mi vejiga, pero un poco triste a mi misma. Al final de la película, tuve la impresión que de verdad conocí a Adèle a través de la camera. La vemos crecer de una niña de quince años con un amor por la literatura francesa a una mujer encontrando alegría en enseñando leer a los niños pequeños. Este crecimiento se acentúa con las primeras escenas que muestran la flojera y angustia típica de los adolescentes en contraste con las escenas posteriores que la presentan casi como esposa, conocedora de la cocina y de la vida social de su novia cuando viven juntas.

      Aunque su amor por Emma es lo más importante de su vida, y lo que la saco de su vida auto-pilotada, Adèle es más que una chica enamorada. Es hija de padres tradicionales de la clase obrera. Es un producto del sistema educativo francés. Es escritora de su vida. Deben tener cuidado con los críticos que llaman esta película una historia de amor entre dos lesbianas. En primer lugar, ninguna de las dos se identifica como lesbiana. En segundo lugar, la película es ante todo, solo un vistazo a la vida de Adèle que no se acaba con los cambios hermosos y trágicos de la vida. Cualquier persona que ha amado apasionadamente se identificara con el éxtasis que nos dan nuestros primeros amores- los que construyen y consecuentemente destrozan nuestras percepciones sobre el amor. Es una película obligada. No decepcionará.

 

Fabiola Dávila, MC ‘15